En el Día del Maestro con cariño


En este día especial para los maestros peruanos.

¿QUIENES HABLAN AL FINAL? *

1. La vida

En una reunión de personas importantes se enfatizaba acerca de la importancia de unos y otros desempeños humanos, de unas y otras profesiones. Los discursos de los diversos representantes de los gremios de trabajadores y profesionales eran entusiastas.

El primero en hacer uso de la palabra fue el Decano del Colegio de Abogados quien hizo sentir que sin ellos no se tendrían ni aplicarían leyes ni normas, ni habría una vida civilizada y quizá muchos tampoco estarían presentes en esa sala, si es que faltaran tales dispositivos jurídicos.

Luego habló fue un dirigente conspicuo del Colegio de Ingenieros, quien señaló que la casa que los albergaba, los transportes que los habían traído al lugar y el funcionamiento mismo de la ciudad y de los servicios en uso era la obra de los ingenieros: civiles, arquitectos, electrónicos, sin los cuales la vida casi sería inimaginable.

2. Viable

Al hacer uso de la palabra el médico expuso a su favor razones que no fueron menos convincentes, haciendo sentir a la concurrencia que sin la actuación de los galenos, muchos de los que hoy lucían saludables y optimistas estarían quizá ya muertos o postrados por invalidez en sus camas.

De igual modo, el representante de la milicia expresó que la seguridad de la cual gozaban todos en ese preciso momento, la paz tan anhelada siempre era efecto de la actuación de las fuerzas armadas y policiales, sin cuyo concurso la vida sería difícil sino imposible.

En fin, hablaron muchas otras personas, entre ellos un periodista, un sacerdote, un artista, desprendiéndose de cada una de las intervenciones que sin la actuación de esos profesionales la vida misma corría el riesgo de no ser viable sobre la faz de la tierra.

3. Nobleza

Todas las áreas de trabajo y actividades humanas tuvieron su panegirista. Y estaban a punto de concluir con las intervenciones cuando alguien descubrió a un hombre modesto, que no había dicho nada antes, aunque seguía el curso del desarrollo de la reunión con una expresión atenta y encantada.

Al parecer, por su actitud, se sentía dichoso y feliz. Le pidieron entonces que dijera algo. Puesto de pie tenía una sonrisa dulce y amable que iluminaba todo su semblante.

Agradeció la deferencia que le concedían, expresando que estaba absolutamente de acuerdo con todo lo que había dicho cada uno de los oradores. Y que se sentía verdaderamente complacido porque eran importantes las obras de cada sector y que se habían enfatizado en cada una de las reseñas.

Expresó que estaba admirado de la nobleza y satisfacción que sentían por lo que cada uno realizaba con nobleza.

4. Dignos y felices

Sin embargo, a continuación preguntó de este modo:

– Ya que me han pedido que hable, y de lo que se trata es de resaltar la labor de las diversas actividades humanas, pregunto a todos ustedes: ¿Existirían abogados, ingenieros, arquitectos, militares, médicos y demás trabajadores profesionales sin el concurso y la dedicación de los maestros?

– ¡Nos hemos olvidado de ellos! -dijo uno.

Todos se miraron y asintieron con la cabeza:

– A todos nos han formado nuestros maestros.

– Ahí está claro. Es obra de ellos, ¿no es cierto? Pero ahora les explicaré por qué yo estoy contento -les dijo.

– ¡Explíquenos, por favor!

– Yo soy maestro. Y estoy satisfecho y feliz porque compruebo que cada uno de ustedes se sienten plenos, realizados y llenos de honra por lo que logran y por lo que tienen. Sólo si es así los maestros tenemos el derecho de sentirnos dignos y orgullosos.

5. Es muy cierto

– Solo así es que cabe que sintamos que hemos cumplido bien con nuestra misión en la vida.

– ¡Siempre un maestro será respetado! -gritó uno.

– ¡No siempre! Porque si en vez de valores ocurriera lo contrario, es decir: si no hubieran ciudades ordenadas, si no hubiera seguridad en las calles, si las leyes no se cumplieran ni respetaran, los derechos y la salud más bien fueran algo que se extrañe, si hubieran políticos corruptos, venales y tránsfugas, entonces los maestros habríamos fracasado y en vez de reconocimiento mereceríamos ser condenados.

– Verdaderamente lo que usted expresa es muy cierto -dijo el que presidía la mesa.

Algunos más lo expresaron y muchos otros lo asintieron.

6. Los que hablan al final

– Es por eso que pido me dispensen de no haber hablado al principio, ni antes de ver cómo avizoran su labor cada uno de los profesionales de las distintas ramas. Por eso, siempre será en estos casos que los maestros hablemos al final.

– Felizmente estamos progresando en todo.

– Ahí está. Porque antes de ufanarnos de lo que somos y merecemos, tenemos que esperar para ver cuales son las obras y las actitudes de los demás.

– Todo por ahora marcha bien.

– Solo conociendo los resultados veremos si verdaderamente los maestros valemos la pena.

– ¡Vivan nuestros maestros! -gritó alguien.

Entonces todos prorrumpieron en largos y fuertes aplausos. Y se fueron poniendo uno a uno de pie todos los concurrentes. Emocionados, sí. Muy emocionados.

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